Con cuatro años de universidad y pocos créditos restantes para el diploma, fuimos víctimas de querer aventurarnos y viajar a Costa Rica en los veranos del ‘92 y ‘93 para experimentar la cultura y aprender el idioma de este pequeño país de América Central. Rápidamente nos enamoramos del lugar y de su gente y decidimos hacerlo nuestro hogar.
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